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A continuación, Que no falten las Avellanas en esta Navidad: La avellana es un sabroso concentrado de nutrientes entre los que destacan sobre todo las grasas, de ahí que sea un alimento tan energético. Desde hace siglos, los frutos secos han formado parte de la alimentación de muchísimos pueblos y a menudo han sido una comida propia de las clases sociales más desfavorecidas. Afortunadamente, hoy se ha visto su gran valor nutritivo y sus múltiples acciones beneficiosas sobre el organismo, por lo que se valoran como ingrediente estrella de la dieta. Grasas saludables, fibra y proteínas: Las grasas son el punto clave de las avellanas. Baste decir, por ejemplo, que más del 70% de su contenido graso es ácido oleico, con las consiguientes ventajas que esto supone: según recientes estudios, la ingesta de una ración diaria de avellanas ayuda a reducir los niveles de colesterol. El contenido proteico es otro punto importante de este fruto seco, pues a pesar de que no se trata de proteínas del mismo valor biológico que la carne o el pescado, es de las pocas proteínas vegetales que aportan argi-nina, un aminoácido esencial. Su valor aumenta cuando se combinan con cereales o legumbres. La avellana tiene, también, un interesante contenido en calcio, por lo que es una buena ayuda para que los depósitos de este mineral tengan un buen nivel, sobre todo en quienes -por diferentes motivos- no toman lácteos. Tampoco hay que despreciar su contenido en hierro, a pesar de que es de origen vegetal (no hemo) y, por tanto, se absorbe con dificultad. Para asimilarlo mejor, consúmelas junto a alimentos ricos en vitamina C. Consejos de compra y conservación: A la hora de adquirir avellanas, lo ideal es escogerlas al natural y con cascara. Así, se conservan mucho mejor y mantienen sus propiedades intactas. Una vez peladas, se pueden guardar en un frasco bien cerrado, protegidas de la luz, con cuidado de que no absorban la humedad. En la nevera se alarga su conservación hasta cuatro meses (aunque pueden secarse algo). Es básico, eso sí, molerlas justo antes de tomarlas, pues se enrancian con facilidad (por la oxidación de sus grasas), lo que merma su sabor y puede favorecer la creación de radicales libres.
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