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A continuación, Carpaccios Digestivos y Nutritivos: Una materia prima de la mejor calidad es la clave de un buen carpaccio, pues se trata de una preparación que no requiere ningún tipo de cocción y suele servirse con aliños básicos: plantas aromáticas o especias (albahaca, eneldo, cebollino o pimienta), aceite de oliva virgen, zumo de limón y sal. La creación de este plato se remonta a la Venecia de los años 30 cuando a una condesa le recomendaron comer carne cruda y un cocinero le preparó el solomillo de buey-en lonchas finas. Hoy, esta manera de servir el alimento no sólo se aplica a la carne, como la de temera o de buey, sino también a las hortalizas (calabacín, tomate, pepino...), pescados (trucha, gamba, pulpo...) y a las frutas (pina, manzana, sandía...). Su creciente popularidad no ha sido fruto de la casualidad. Preparar los alimentos en carpaccio permite mantener intactos el aroma, el sabor y, sobre todo, los nutrientes del alimento elegido, siendo además su valor energético más que moderado, al utilizarse ingredientes muy pobres en grasas y que no superan las 250 calorías por ración. Al tratarse de una preparación en crudo es esencial extremar la higiene durante su manipulación, sobre todo al cortar las lonchas. Precisamente, un truco para conseguir unas lonchas de pescado o de carne muy finas y enteras es congelar ligeramente el alimento.
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