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Es un alimento indicado en toda dieta equilibrada, siempre que se cocine con poca cantidad de grasa. Además, este alimento es una buena fuente de hidratos de carbono complejos, vitamina C y minerales como el potasio. Lógicamente, la patata puede absorber buena parte del aceite de la cocción al igual que las clásicas berenjenas o los calabacines fritos. Por tanto, es un alimento perfectamente adecuado para personas con problemas de hipercoleste-rolemia o enfermedades cardiovasculares, siempre que, como hemos visto, se cocine sin o con muy poca grasa. Por otro lado, vemos que el aporte de vitamina C no es en absoluto desdeñable, al fin y al cabo 150 gramos de patatas fritas contienen la vitamina C de 100 gramos de naranja. Así, en los países que tienen un consumo de fruta menor al nuestro, como en Inglaterra por ejemplo, la patata es una de las fuentes más importantes de vitamina C. Otro punto a destacar es su escasísimo contenido en sodio: la patata contiene menos sodio que la saludable lechuga e incluso que la cebolla (a no ser que después de cocinarla la sazonemos con abundante sal), por lo que puede decirse que la patata es un alimento muy adecuado para quien tenga que vigilar la sal en su dieta. Por otro lado, su generoso aporte de potasio es otra de sus virtudes. Hay que tener en cuenta que se ha relacionado el potasio con beneficiosos efectos sobre el sistema cardiovascular, y que un aporte correcto de este mineral es muy positivo en personas que toman diuréticos, hipertensos y quienes realizan un ejercicio intenso. Además, el magnesio, mineral que muchas veces no alcanza los niveles adecuados en la dieta, se encuentra también en la patata. Recordemos que es imprescindible para los músculos, los dientes, así como para el buen funcionamiento de nuestro sistema osteoarticular.
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