Cuando somos pequeños sabemos cuándo y cuánto necesitamos alimentarnos.Pero en algún momento de nuestra infancia y por influencia del entorno es probable que hayamos perdido esa capacidad, o esa sabiduría. ¿Entonces podemos recuperar ese instinto? Sí, pero necesitamos observar atentamente a nuestro cuerpo.
Anota lo que comes
Cuando acudes a un médico o dietista para que te elabore una dieta, lo primero que suele hacer es pedirte que, durante una semana, anotes en una libreta lo que comes. Esto le proporciona información sobre tus hábitos y sobre la necesidad de comer que sientes a distintas horas. En realidad es un ejercicio revelador que podemos imitar porque la mayoría no somos conscientes de lo que comemos. Hay que anotarlo en el mismo momento. Si lo haces por la noche u horas después, lo más probable es que olvides alguna cosa. Para que la lista sea más reveladora, señala las cosas que comes sin hambre: por aburrimiento, ansiedad, etc.
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