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Un día a la semana dedícate a cocinar para el resto de las jornadas siguiendo, sin saltarte, el régimen de comidas que haya dispuesto el especialista. Una buena solución para cumplir con la dieta es congelar la comida en sobres monodosis. Sólo tendrás que descongelarla la noche anterior y llevártela en el tupper. Si tú misma te organizas el menú, apuesta por platos ligeros como ensaladas variadas, sandwiches vegetales, pechugas de pollo, queso fresco, yogures, zumos, frutas... En el restaurante siempre encontrarás un apetecible plato de verduras frescas o un pescado y una carne a la plancha acompañados de una ensalada variada. Los días laborables no siempre es fácil comer en casa y lo normal es que lo hagamos fuera. Pero no debe ser una excusa para alimentarnos mal. No te engañes. En los restaurantes la comida suele ser más consistente y condimentada que la que preparamos nosotras en casa, pero si pones atención, tu peso no lo notará. Toma nota de estas ideas: Un buen consejo es comer de forma ligerísima, sana, sin condimentos, sin bebidas refrescantes y sin alcohol. Evita las guarniciones típicas (patatas fritas, verduras rebozadas...). A la hora de elegir, mejor pescado que carne. Y de postre, fruta. Lo notarás.
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